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Dormir en una cabaña sobre un árbol

por TheGreenAdventure

De mi lista de deseos por cumplir, he tachado uno recientemente, dormir en una cabaña sobre un árbol.
La invitación llegó por sorpresa en forma de regalo de aniversario (¡ocho años ya!) y la experiencia no pudo gustarnos más.

Para ello, mi novio escogió el proyecto «Cabañitas del bosque«, situado en Outes (A Coruña), nos hospedamos en la finca Mourelos, en concreto, en la «Cabana de Carlos».

Y que os puedo decir, dormir al amparo de un roble centenario con vistas a los valles del Donas y del Tins, fue una experiencia INOLVIDABLE.

La cabaña es muy acogedora, en cuanto entras sientes el cálido abrazo de la madera natural que cubre paredes y suelos, los muebles lacados en blanco y los textiles le dan el toque actual, y su gran ventanal le aporta luminosidad y te mantiene conectado con la naturaleza. Además cuenta con terraza y bañera de hidromasaje para redondear la experiencia.

Todo está cuidado al detalle, te reciben con velitas, sales y jabones de su firma Do Artesanato, e incluso el llavero está personalizado.

Buscábamos relajarnos y desconectar de la ciudad y encontramos el lugar perfecto.

Tras instalarnos, cogimos la cámara y exploramos los alrededores, la finca se encuentra en plena naturaleza, y la zona está cubierta de preciosas hortensias, que crecen incluso al lado de la carretera.

Como llegamos a primera hora de la tarde decidimos aprovechar el tiempo y nos dirigimos en coche hasta el Castro de Baroña, en Porto do Son, a tan solo 30 minutos de nuestra cabaña. Una visita obligada ya que se trata del asentamiento mejor conservado de Galicia, un tesoro que data de la Edad de Hierro y que se ubica a la orilla del mar, el Castro y las vistas hacia el mar merecieron el viaje.

Pero he de confesar que la visita al Castro no fue del todo idílica, para llegar al asentamiento debes pasar por un camino que discurre entre pinos, y éstos estaban en buena parte calcinados, según nos informaron el incendio ocurrió a finales del pasado año. Impresiona mucho ver tan de cerca la devastación de un incendio y te hace concienciarte todavía más en el respeto y el cuidado del medio ambiente.

Tras nuestra miniescapada, regresamos a la cabaña cuando el sol se ponía, así que decidimos relajamos en la bañera hidromasaje, a la luz de las velas que convirtieron nuestra habitación en un improvisado spa. Una ligera cena en la terraza y una película, pusieron la guinda a un día estupendo. Por cierto, en cuanto a la película, nos llevamos «La vida de Calabacín», un poema animado en stop-motion, crudo y a la vez tierno, que si no habéis tenido ocasión de ver, os recomiendo.

Si nuestra experiencia os ha animado a visitar las cabañitas, planificad vuestra visita con tiempo, ¡las reservas vuelan!.

 

 

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4 comentarios

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4 comentarios

Iris 11/11/2017 - 3:28 pm

Ai, encántame! Tomo nota! Tanto das cabanas como do poema animado.

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TheGreenAdventure 20/11/2017 - 8:42 pm

¡Grazas rula! Tedes que ir, merece moito a pena.

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Carlos 26/12/2017 - 9:53 pm

Me encanta! Y las fotos chulísimas.
Gran trabajo!

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TheGreenAdventure 27/12/2017 - 9:58 am

Gracias Carlos

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